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  Por el libro
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23 de octubre de 2026

RT

La crisis energética actual podría terminar desencadenando una crisis alimentaria si los
conflictos armados siguen alterando el suministro de insumos clave para la agricultura y
encareciendo el transporte, advierte un nuevo informe de S&P Global Institute citado por
Axios.
Presión desde varios frentes
El nuevo análisis plantea que la guerra en Irán y el conflicto entre Rusia y Ucrania están
ejerciendo una presión simultánea sobre distintos pilares del sistema alimentario global.
Entre estos figuran el suministro de gas natural y azufre para fertilizantes, el diésel
necesario para la maquinaria agrícola y el transporte de mercancías, así como la
 
estabilidad de las rutas marítimas por las que circulan esos insumos y los propios
alimentos.
A ello se suman los fenómenos meteorológicos extremos, que están agravando la fragilidad
de las cosechas. S&P examina en particular cómo el fenómeno de El Niño —que este año ha
sido catalogado como 'Súper Niño' por el incremento de su poder destructivo— podría
empeorar los problemas asociados al encarecimiento del combustible y a las restricciones
sobre componentes clave de los fertilizantes.
El Súper Niño desata alertas máximas e inundaciones históricas en Latinoamérica: qué se
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"El conflicto ahora los está poniendo a prueba a todos a la vez, justo cuando El Niño pone a
prueba la cosecha", señala el informe. 
Cadena de encarecimiento
Axios recuerda que el documento de S&P apareció al mismo tiempo que nuevas
advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el encarecimiento de insumos
y alimentos. En su informe 'Perspectivas de la Economía Mundial', el organismo prevé un
aumento general del 10 % en los precios de los fertilizantes este año, además de una subida
del 5 % en los costos de los alimentos en 2026 y del 2,4 % en 2027, aunque con diferencias
según la región.
Uno de los factores más sensibles en este proceso es el diésel. Su escasez no solo incrementa
los costos de producción y transporte para los agricultores, sino que, combinada con las
políticas de apoyo a los biocombustibles, vuelve más rentable dedicar ciertos cultivos a la
producción de energía en lugar de alimentos. "El efecto indirecto es que, en algunas
regiones, los cultivos para combustible se vuelven más valiosos que los cultivos para
alimento", explica el informe de S&P.
La tensión también se extiende a materias primas clave para la fabricación de fertilizantes:
el azufre exportado desde Oriente Medio alcanzó en julio un precio récord de 1.000 dólares
por tonelada métrica, tras haber comenzado el año ya en un nivel históricamente alto de
500 dólares. El dato adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que el 47 % de las
exportaciones marítimas mundiales de azufre pasa habitualmente por el estrecho de
Ormuz.
Aunque el informe no da por inevitable una crisis alimentaria global, sí alerta de que el
riesgo va en aumento. De acuerdo con S&P, el riesgo de esta crisis se incrementará si los
conflictos siguen golpeando el suministro energético y de fertilizantes mientras el clima
sigue deteriorando las cosechas en regiones clave.
El factor ucraniano
 
Mientras tanto, una posible crisis alimentaria fue vaticinada recientemente también por el
líder del régimen ucraniano, Vladímir Zelenski, quien aseguró: "Créanme, dentro de 2 o 3
meses todos hablarán de una crisis en la agricultura, porque habrá escasez de alimentos en
países del continente africano, en algunos países de Asia y en Oriente Medio, ya que
exportamos millones de toneladas de alimentos a esos mercados".
Al justificar ese pronóstico, el jefe del régimen de Kiev apeló al papel de Ucrania como
exportador de alimentos y advirtió de las consecuencias que tendría un bloqueo de las rutas
de suministro para los países más vulnerables.