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  Por el libro
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26 de julio de 2018

El Vocero

Lo que fue en los años 80 una sólida industria que aportaba anualmente al producto agrícola del País $120 millones, generaba 3,000 empleos y producía 100 millones de libras de su producto al año, hoy se ha reducido a una operación que apenas produce el 10% de la demanda de la Isla.

Se trata de la industria avícola, la cual ha dejado el campo abierto para la importación del 90% del pollo que se consume localmente.

Héctor Cordero Toledo, presidente de la Asociación de Agricultores de Puerto Rico, en entrevista con EL VOCERO aseguró que la industria avícola va de mala en peor, donde la única planta existente opera a menos del 40% de su capacidad, con apenas 80 de los 230 ranchos existentes y con jornadas de apenas dos o tres días.

La situación se complica, ya que se requiere de una inversión de más de $30 millones para poder restablecer la fase agrícola de la industria. Respecto a la fase fabril, esta corre con la producción de los avicultores, muchos de los cuales optaron por salirse del negocio, otros decidieron reconstruir solo uno de sus ranchos y otros aún mantienen una débil operación.

“El problema que confronta el sector es que ante la debilidad de la industria se imposibilita el acceso a capital para los avicultores por parte de la banca comercial como la agrícola. Con ello, los que han podido volver a operar han reconstruido sus ranchos de manera muy débil, lo que nuevamente los vuelve a dejar a la merced de las inclemencias del tiempo”,

Agregó que en medio de la situación actual, “se les ha imposibilitado crear estructuras bien hechas, resistentes y a tono con el siglo 21. Aquí nadie sabe lo que tiene que hacer, ni agricultura estatal ni federal”.

Ante la difícil situación, Cordero indicó que Pilgrim’s, propietarios de las operaciones de To-Ricos en Puerto Rico, se mantiene cabildeando con agencias federales para lograr ayudas que les permitan dar continuidad a la operación local.  Hasta el momento no han logrado un avance al respecto y en el caso de Puerto Rico, el Departamento de Agricultura tampoco cuenta con los recursos para incentivar el sector.

Se intentó obtener reacciones del Departamento de Agricultura, así como del presidente de To-Ricos en la Isla, Mario Hernández, pero ambas gestiones resultaron infructuosas al cierre de la edición.

Aunque en la página de Agricultura se estipula que la agencia le ofrece al agricultor una ayuda económica de hasta un 50% del costo de construcción, ampliación, instalación, mejoramiento o compra de facilidades y equipo hasta un máximo de $4,000 para criaderos de pavos y guineas, $5,000 para criadores de gallinas ponedoras, $6,000 para pollo parrilleros y $7,500 para gallinas ponedoras por avicultor, Cordero asegura que esa ayuda es inexistente ante la fragilidad de las finanzas del gobierno.

A la maltrecha industria, el huracán María le propició un duro golpe, al destruir la mayoría de los ranchos, y por ende, la materia prima de dicho sector agrícola. Antes de María, localmente se producía el 27% del pollo fresco que se consume en el País, hoy esa cifra apenas alcanza el 10%.  

Adiós al regreso de Canto Alegre y Picú

Cordero fue enfático en que la posibilidad de regreso al mercado de las marcas Picú y Canto Alegre es totalmente irreal, ya que en aspecto de infraestructura solo “queda el garapacho”, ya que maquinaria y equipo ya fueron vendidos a un inversionista en la República Dominicana. Igualmente, descarta la posibilidad de una nueva planta, por tratarse de un proceso muy cuesta arriba. “Bajo la administración de Luis Fortuño, el gobierno les inyectó a esas plantas $24 millones, que se perdieron porque no pudieron mantener la empresa operando. Lo mismo sucedería hoy de volver a intentarlo. Lo urgente es trabajar con To-Ricos, porque de no lograse ningún tipo de ayuda, con mucho esfuerzo podrán llegar al final de este año y optar por el cierre, quedando la Isla desprovista de toda producción local de pollo”.