Inicio  



 Lo Más Visto
- EE.UU. traslada parte de su Comando Norte al "búnker más seguro del mundo" por temor al covid-19
- La pandemia del gas licuado acaba con el bolsillo de los puertorriqueños
- La diferencia entre la carne cara y la barata
- 4 productos que les venden más caros a las mujeres que a los hombres
- Vendía por internet “la cura milagrosa” del coronavirus




  Por el libro
Bookmark & Share

22 de noviembre de 2005

De camino a la caja registradora, tarjeta de crédito en mano, piensa que unas sandalias nuevas también merecen una cartera negra nueva. Si se suma a las otras cinco que descansan en su clóset no importa porque ya habrá ocasiones para exhibirlas.

Quién puede entonces negarle a esta compradora consumada que la correa que le atrae en otro aparador ubicado casi al lado de la estación de pago va perfectamente con las futuras posesiones que lleva bien aseguradas en su brazo.

Al centro comercial no acudió a comprar nuevas cosas sino a darse la vuelta. No necesita nada, pero no quiere que piensen que ella ?siempre anda con lo mismo?, que ?es una maceta? o que ?no tiene gusto? al vestir. Por eso estrena piezas de última moda cuando puede y cuando no también.

Somos el país perfecto para estimular los impulsos consumeristas. No hay nada que nos frene: ni la conciencia, ni los anuncios publicitarios y, a veces, ni la tarjeta de crédito.

Economistas aseguran que nuestra economía camina a tientas, pero la noticia parece ajena para la compradora impulsiva. ?¡Viva el capitalismo!, yo compro lo que quiera y cuando quiera... aunque después lo devuelva?, celebran muchas. Precisamos gratificaciones inmediatas y artículos que demuestren status.

Una cosa es comprar por impulso y otra es la compulsión por comprar. La primera nos ataca a la mayoría y, en tiempos como los que se avecinan, como las famosas ventas del madrugador del viernes después del día de Acción de Gracias, hay que hacer esfuerzos supremos para no ceder ante ella. La segunda tiene raíces patológicos.

?Lo primero es averiguar por qué ocurre?, asegura el doctor Rafael García Bárcenas, especialista en modificación de conducta, ?y cuál es el pensamiento que tienen justo antes de comprar. Todos hemos querido algo mucho y hemos pensado poco en lo utilitario hasta que el capricho nos vence. Eso no está mal, el problema es cuando es un patrón?.

Pacientes de trastornos de ánimo (como la bipolaridad) u obsesivos compulsivos pueden presentar un cuadro en el que la compra aplaca poderosos pensamientos de ansiedad.

?Cuando una persona con trastorno de bipolaridad pasa por la fase maniaca puede comprar cinco televisores y veinte pares de zapatos que no necesita. Ahora bien, si se trata de una persona obsesiva compulsiva, la compra se hace para aliviar la ansiedad y puede repetirse el ritual para neutralizar ese pensamiento?, describe García Bárcenas.

El periodo de arrepentimiento no tiene lugar con rapidez cuando se padecen ambas condiciones.

Pero cuando es por simple gusto, el lamento no necesariamente se escuchará cuando llegue la factura de la tarjeta de crédito. El remordimiento hace de las suyas a veces tan pronto se sale de la tienda o cuando llega al hogar y alguien le hace ver lo excesivo de la compra.

?Hay personas que saben exactamente el día en que la mercancía nueva llega a piso?, indica Clara (nombre ficticio), ex empleada de una famosa tienda por departamentos, ?entonces compran cosas en serie -en tamaños o colores distintos- para asegurarse que lo tienen todo. La mayoría de las veces devuelven algo al otro día?.

Y en establecimientos más pequeños y exclusivos -como las boutiques- las compradoras sin control son si duda apreciadas.

?Sus razones tendrán, a veces se ven molestas, tristes o llegan con mal de amores, pero ponen la tarjeta en la caja y empiezan a pedir cosas porque lo quieren todo y se lo llevan todo. No pueden resistir que una amiga compre primero una pieza que acaba de llegar y todavía no está ni en piso?, agrega Viviana (nombre ficticio), quien trabajó casi cinco años en una conocida boutique del área metropolitana.

Si tienen los medios económicos para ello, tarda un tanto más en notarse el impacto negativo de la compulsión. En el caso contrario, el cuadro resulta alarmante con rapidez.

?Te das cuenta de que no pueden con el empuje de lo que se están llevando y que ya no le funcionan ni las tarjetas cuando quieren ponerlo todo en 'lay away' y pasan los 45 días y no lo sacan, pero quieren poner más cosas. Así sienten que la mercancía ya es de ellas?, opina Maricarmen, empleada de otra boutique de la capital.

?Tarde o temprano esa persona se sentirá mal y dirá: 'caramba, lo que he hecho'?, asegura, por su parte, el doctor García Bárcenas.

?No puedo resistir el deseo de comprar?, dicen la mayoría de las compradoras compulsivas. Y el doctor García Bárcenas asegura que el pensamiento es incorrecto. ?Eso es falso, lo único que no se puede resistir son las cosas que nos llevan directamente a la muerte?, opina el especialista en conducta.

Como parte de las técnicas de terapia congnitiva conductista utilizadas para manejar adicciones, éste recomienda que la persona se detenga y piense: ?tengo muchísimas ganas de hacer esto, pero lo puedo soportar? o ?voy a dar una vuelta y esperar un rato antes de decidirme a comprar?.

?El tiempo necesario para alargar la gratificación de compra varía según la persona, pero cada vez puede forzarse un poco más. En la medida en que tenga éxito se le hará más fácil?, asegura el sicólogo.

Este tipo de conducta es un fenómeno comprobado, pero el especialista asegura que su origen no está claro. Agrega que algunos sectores médicos apuntan a bajos niveles de serotonina, pero no se ha comprobado que aumentar los mismos con medicamento mejore el cuadro.

Las emociones juegan un papel primordial en el impulso por comprar. García Bárcenas asegura que ya se ha comprobado que éstas no son producto de eventos externos sino de cómo se perciben los mismos.

?Si alguien piensa que será más guapa y su autoestima subirá si se compra un par de zapatos, eso le durará unos días y se le acabará. Yo le pregunto entonces cuánto más vale usted, en términos de dinero, por tener esos zapatos, para que vaya contrarrestando el pensamiento irracional?, asevera.

La meta principal de la sicología en estos casos es que la persona entienda que en esencia todos los seres humanos son iguales y lo que varía son sus acciones. ?El ser humano vale simplemente por haber nacido y por Dios habernos hecho?, apunta.

?Conocer cuál es su pensamiento antes de hacer la compra compulsiva nos ayuda a atacar el problema?, finaliza García Bárcenas.