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  Por el libro
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3 de enero de 2019

BBC

Los servicios de emergencia de los hospitales estadounidenses pueden salvar vidas...y arruinar cuentas bancarias.

Y es que en el país norteamericano acudir a urgencias puede resultar tan costoso como para acabar convirtiéndose en un punto de inflexión en la vida de pacientes que son dados de alta con inmensas deudas de miles de dólares.

De hecho, el 57% de los estadounidenses asegura haberse llevado una sorpresa con una factura médica que pensaban que iba a ser cubierta por su compañía de seguros, según una encuesta del grupo de investigación NORC, de la Universidad de Chicago.

Y las autoridades ahora buscan combatir esto con una nueva ley que obligará a los hospitales a publicar en internet los precios de sus tratamientos a partir del 1 de enero de 2019.

Así, los ciudadanos podrán comparar precios y detectar cuál es el centro de salud más económico según sus necesidades.

En casos de emergencia, sin embargo, por lo general no se sabe qué pruebas o tratamiento se necesitarán, lo que complica hacerse una idea de a cuánto ascenderá la factura del hospital.

Y según expertos como Bill Kampine, del comparador de precios de servicios médicos Healthcare Bluebook, la información que se publique con la nueva ley solo será útil para quienes no estén asegurados.

Las compañías de seguros negocian sus propias tarifas con médicos y hospitales, a veces incluso caso por caso, y la mayoría paga una parte y remite al paciente una factura para que asuma el resto.

Y Kampine le dijo a la Radio Pública de Nashville que lo mejor sería difundir los precios promedios que los hospitales reciben por cada servicio.

Revisando facturas

A lo que sí ayudará esta ley, en cualquier caso, es a comprobar lo dispares que pueden llegar a ser los precios de los servicios médicos en Estados Unidos.

En 2018, al menos dos publicaciones investigaron esto, pidiéndole al público que les enviara sus facturas.

Una de ellas fue Kaiser Health News, en colaboración con la Radio Pública Nacional (NPR por sus siglas en inglés), y la otra fue el portal Vox, que se centró en los costos de los servicios de emergencia.

Aquí te presentamos tres casos significativos de cobros sorpresa que reflejan cómo funciona el sistema de salud en ese país.

US$300 por cruzar la puerta

Elizabeth, una niña de cuatro años, acabó con un corte en la frente después de correr y chocarse con una mesa de centro.

Su madre, Carolyn Wallace, la llevó a un hospital de Texas, donde le tomaron la temperatura y las pusieron a esperar. Una hora después, la mujer decidió acudir a otro centro donde su hija fue atendida con rapidez.

El primer hospital no llegó a darle ningún tratamiento, pero sí una factura: US$669 por los servicios del médico que le tomó la temperatura a Elizabeth y US$300 por haber usado las instalaciones del centro, es decir, por haber entrado y haberse sentado.

Carolyn, que le contó su caso a Vox, aseguró a esta publicación que la tarifa le parecía "exorbitante", "fuera de lugar" e incoherente para el servicio recibido. "Ni siquiera me dieron una gasa nueva o una venda ni reemplazaron el papel toalla que habíamos traído de casa", dijo.

La madre protestó y consiguió que el hospital no le cobrara los US$300. Pero el médico trabajaba para una empresa subcontratada que, hasta el momento de la publicación, continuaba exigiendo el pago.

Este no es un incidente aislado. Las tarifas por el uso de instalaciones se han extendido en los hospitales de Estados Unidos, que les asignan valores muy dispares. Según un análisis de Vox, su valor aumentó en un 89% entre 2009 y 2015.

En otro caso reportado por Vox en 2016, Malcolm Bird contaba que un hospital en Connecticut le reclamaba US$629 por haberle puesto una curita a su hija de un año, que había sufrido un corte en el dedo cuando le cortaban las uñas.

Como no dejaba de sangrar, Bird la llevó al médico, que le lavó la herida y le puso la curita. Luego, recibió una factura de US$7 por la curita (más que lo que costaría comprar una caja de 60 en el supermercado) y US$622 por los servicios del médico y el uso de las instalaciones.

Un representante del centro médico defendió entonces que la tarifa les permite tener los servicios de emergencia operativos a todas horas: "Tenemos personal en el departamento de emergencia 24 horas al día, todos los días del año y estamos preparados para recibir a quien sea que cruce nuestra puerta, ya sea una víctima de balacera o un paciente con un infarto", alegó entonces .

Renee Hsia, una profesora de la Universidad de California en San Francisco, declaró al portal que estas tarifas "son muy arbitrarias" y que su valor "parece no tener ni ton ni son".

Un infarto de US$108.951

Drew Calver empezó a sentirse mal en abril de 2017 y un vecino lo llevó al hospital más cercano en Texas. "Pensé que me estaba muriendo", le dijo a Kaiser Health News.

El hombre de 44 años estaba teniendo un infarto, así que le dieron una cama en la unidad de cuidados intensivos cardíacos y al día siguiente fue operado para instalarle estents, una especie de malla extensible que se pone en vías obstruidas.

Pese a su estado, Calver se aseguró de preguntar si su seguro cubriría los gastos, ya que ese hospital no estaba dentro de su red. La institución le dijo que aceptaría su seguro y que no se preocupara.?

Pero la realidad fue otra: el hospital le pasó al seguro una factura de US$164.941 por la cirugía y cuatro días de hospitalización. Este aceptó pagar US$55.840, así que el centro de salud le reclamó a Calver que desembolsara US$108.951.

El hombre empezó a recibir cartas que le presionaban para que saldara la deuda. "Van a hacer que me dé otro infarto por preocuparme con esta factura", dijo Calver, quien es profesor de escuela y asegura que su salario no le permitía pagar la deuda.

Los expertos consultados por Kaiser Health News estimaron que el precio del tratamiento recibido por Calver debería estar entre los US$26.985 y los US$36.800, cifras muy por debajo de los casi US$165.000 que exigía el hospital.

Van a hacer que me dé otro infarto por preocuparme con esta factura".

Drew Calver

En Estados Unidos, cada seguro trabaja con una red de centros de salud autorizados. Los clientes deben intentar acudir a ellos, ya que si van a un hospital o médico que esté fuera de ese circuito, deberán asumir ellos mismos el costo completo.

En casos de vida o muerte, como el de Calver, algunos seguros y hospitales aceptan negociar el pago incluso si no están en la misma red. Pero si no llegan a un acuerdo respecto al precio, los hospitales acaban exigiéndole la diferencia al paciente, como le pasó a este profesor.

Finalmente, después de que su caso saliera en la prensa, su factura fue reducida a US$332.

Ahora, incluso si el paciente se asegura de ir a un centro de su red, siempre existe el riesgo de que sea atendido por un médico que no forme parte de ella, como le pasó a Scott Kohan, de 34 años, cuyo caso fue publicado en Vox.

Kohan fue víctima de un ataque en el que acabó inconsciente y con la mandíbula rota. Se despertó en un hospital y, cuando la enfermera le dijo que esa misma noche lo iban a operar, verificó en su celular que el centro perteneciera a la redde su compañía de seguros.

Sin embargo, el cirujano que lo atendió no solo no formaba parte de esta red sino que no admitía ningún tipo de seguro.

Así que la factura de US$7.924 que exigía por sus servicios recayó en Kohan.

Cuando los hospitales y los médicos se integran en la red de un seguro, negocian las tarifas. Pero si no llegan a un acuerdo, se puede dar la situación de que un hospital esté dentro de una red pero algunos de los facultativos que trabajan en él, no.

Y como le dijo a Vox el hospital que atendió a Kohan, esto es una práctica extendida: "Como muchos otros hospitales en todo el país, también tenemos contratos con doctores independientes que proveen cuidados especiales en áreas críticas dentro de nuestras instalaciones y gestionan sus propios acuerdos con seguros".

Pacientes como Kohanno tienen forma de saber si la atención que les dan cada uno de los profesionales dentro de un hospital está cubierta por su seguro o no.

US$1.075 por un antibiótico y gotas para los oídos

A Kylan, un niño de 7 años, le salía sangre de las orejas debido a una infección de oído grave. Jessica Smart, su madre, lo llevó a emergencias en Maryland.

Un médico lo examinó, le dio unantibiótico oral y le echó unas gotas en los oídos. Cuando los Smart recibieron la factura, esta era de US$1.375.

De estos, US$1.075 correspondían a esos dos medicamentos genéricos que se le había administrado al pequeño, según le dijo un representante del hospital a Jessica, que tiene otros tres hijos.

"Básicamente, ganamos lo justo para vivir, no tenemos grandes ahorros a los cuales recurrir", le dijo Jessica a Vox.

Y como su seguro solo cubre los gastos a partir de cierta cantidad que está por encima de esos US$1.375, su familia tendrá que asumir la deuda completa.

"Es frustrante que ellos puedan cobrarme lo que les dé la gana", lamentó la mujer.

Entre las facturas recibidas por el portal también hay casos como el de una novia a la que unas pestañas postizas que se puso la noche anterior le dejaron los ojos irritados el día de la boda.

Un hospital le cobró US$238 por unas gotas para los ojos que normalmente se pueden comprar en paquetes por no más de US$50 en la farmacia.

El precio de las pruebas de embarazo en las salas de emergencia también es otro ejemplo de lo arbitrarias que pueden llegar a ser las tarifas hospitalarias: variaron entre los US$111 que cobraba un hospital de California y los US$465 que pedía otro de Georgia.