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  Por el libro
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18 de junio de 2018

El Nuevo Herald

Un hocico y dos ojitos negros surgen del agujero, demasiado tarde: una bota pisa el hoyo, y su dueño rellenará pronto el orificio con hielo seco, la nueva arma letal de los servicios sanitarios de Nueva York contra las ratas.

El equipo de Rick Simeone, director del servicio antiplagas de la ciudad, trabaja en el parque Sara D. Roosevelt, en el barrio del Lower East Side, uno de los más antiguos de Manhattan.

La víspera, pasaron más de tres horas examinando todas las entradas de madrigueras, 67 en total. Calculan que residen aquí más de 250 Rattus norvegicus, el nombre científico de las ratas neoyorquinas.

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Avanzan madriguera por madriguera, colocando en cada una pequeñas piedritas de hielo seco (llamado también nieve carbónica), que es en realidad gas carbónico congelado, en forma sólida.

 

A temperatura ambiente, el dióxido de carbono retomará su forma gaseosa y asfixiará a las ratas, que en general duermen a esta hora del día.

Esta arma extermina en promedio entre el 90 y el 100 por ciento de los roedores.

“Es una revolución para los parques y los espacios verdes”, afirma Simeone, cuyo servicio, que comprende unas 160 personas, depende del departamento municipal de salud. “Escuchamos siempre que las ratas ganan la batalla. Pero esto cambia la ecuación”.

Las ratas, presentes en Nueva York desde mediados del siglo XVIII, son responsables de la transmisión de varias enfermedades. Un estudio de un académico de la Universidad de Columbia estima que en la capital financiera estadounidense hay unos dos millones de estos roedores.

Las vemos muchas veces en la calle o en el metro. Un video publicado en YouTube en el 2015 que se tornó viral mostraba incluso una rata llevando un triángulo de pizza entre sus dientes por las escaleras del metro (ver video abajo).

Su promedio de vida en esta ciudad es de seis a siete meses, pero una hembra puede dar a luz hasta 100 pequeños por año.

“Sin crueldad”

John Stellberger es el primero que utilizó el hielo seco contra ratas en Estados Unidos en el 2012, siguiendo una idea de uno de sus empleados.

Jefe de EHS Pest Control, una empresa antiplagas, Stellberger cuenta que habló del tema con los servicios sanitarios de Boston, que en el 2016 lo experimentaron y tuvieron éxito inmediatamente.

Sin embargo, el uso del hielo seco fue suspendido unos meses más tarde a la espera de un permiso de la agencia estadounidense de protección del medio ambiente (EPA), obtenido hace un año.

A comienzos del 2018, tras varios meses de pruebas, Nueva York adoptó oficialmente esta técnica de lucha contra las ratas, uniéndose a Boston, Chicago y Washington.

El hielo seco solo es utilizado en lugares abiertos, en parques o espacios verdes, explica Simeone, porque sería demasiado complejo identificar túneles en las calles y en sitios residenciales, donde el cemento es omnipresente.

Además de su eficacia, no presenta ningún riesgo para la fauna de los parques y los jardines públicos, a diferencia del veneno, el método utilizado hasta ahora.

El nuevo sistema cuesta lo mismo que el veneno, pero es menos cruel con los animales, lo cual satisface a más clientes, explica Stellberger.

“Las ratas se duermen, de alguna manera”, antes de morir de asfixia, explica Simeone.

Pero el hielo seco no resolverá por sí solo el problema de las ratas en Nueva York, advierten Simeone y el especialista mundial de lucha contra las ratas Robert Corrigan.

En julio pasado, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, presentó un ambicioso plan de $32 millones para enfrentar a las ratas, centrado en los tres barrios más infestados de la ciudad.

No prioriza el hielo seco sino el acceso a la comida, en el centro del problema, ya que estos roedores precisan 80 gramos de comida por día para sobrevivir.

Basureros inteligentes, contenedores cerrados, aumento de la frecuencia de recolección de basura, colaboración entre los diferentes servicios de la ciudad, todo apunta a poner fin a la abundancia de alimentos en las veredas neoyorquinas.

Robert Corrigan, que trabajó con la alcaldía durante 12 años, elogia que la ciudad haya finalmente elegido abordar el tema de manera más científica que empírica.

“Cuando veo muchas ratas en un barrio, más que buscar dónde poner el veneno, me pregunto ¿qué está alimentando estas ratas?”, dice para ilustrar ese cambio de filosofía.

“Si se eliminan los basureros ya no hay más necesidad de veneno”, coincide Simeone.