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  Por el libro
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5 de septiembre de 2018

Noticel

Mientras la Policía de Puerto Rico aún no radica cargos contra el exsecretario de Justicia Guillermo Somoza tras más de una semana de haber sido detenido junto a su hijo por alegado regateo contra otra persona, resulta que hay casos en el que las autoridades imputan regateo en lugar de un exceso de velocidad, provocando consecuencias que se extienden más allá de un caso en la corte.

La Ley de Tránsito define el regateo como el uso no autorizado de un vehículo para impedir que otro vehículo le pase o para probar la resistencia física de un conductor a través de largas distancias. El artículo 5.06 clasifica el delito como uno menos grave que conlleva la confiscación del vehículo, una pena de $5,000 y una suspensión de la licencia de conducir por 6 meses.

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Dos personas consultadas por este medio -y quienes optaron por mantenerse en el anonimato- detallaron sus experiencias de ser detenidos, acusados y posteriormente absueltos de cargos por regateo. En ambos casos la uniformada fue audaz al imputar regateo cuando realmente se trataba de un exceso de velocidad, desatando una serie de inconveniencias y gastos arbitrarios.

La experiencia de Jeremías fue la más reciente y ocurrió en la medianoche de agosto del año pasado mientras transitaba su vehículo Dodge Charger, a exceso de velocidad, en el expreso Baldorioty de Castro, a la altura del centro comercial Plaza Carolina. Mientras regresaba a su casa junto a su esposa, se percató de varias patrullas estacionadas en los costados del expreso y que al pasarles comenzaron a perseguir su vehículo, logrando la detención.

“Me detuvieron y el guardia me dice que me baje que estaba arrestado. Yo me sorprendo, me asusto porque a mi nunca me han arrestado y eran las 12 y pico de la noche”, contó Jeremías, enfatizando que siguió las directrices del agente por temor a sufrir una agresión. “El guardia me dice que estaba arrestándome por regateo, entonces ahí yo me altero un poco y le dije que yo no aceptaba eso porque yo realmente no estaba regateando. Sí, yo iba un poco en exceso de velocidad, pero yo no venia regateando con nadie”, explicó, a la vez que señaló que nunca detuvieron a la persona con quien supuestamente regateaba.

El agente procedió a esposar a Jeremías para llevarlo a la División de Tránsito de Carolina y proceder con la radicación de cargos por regateo, conducir negligentemente y con licencia vencida. Su vehículo arribó poco después en grúa y se mantuvo en el cuartel por un plazo de meses, sufriendo daños con los huracanes Irma y María.

Con miras a culminar el caso lo antes posible, Jeremías renovó su licencia dos días después y se mantuvo en contacto con la agente investigadora para recuperar su carro. Sin embargo, el escollo para recuperar su vehículo provino de fiscalía.

“Todo lo que me había pedido lo cumplí. Ella me dijo que no tenía interés en hacerme daño, que no había otro carro, que ella sabía que era un caso bien débil. Pero ella habló con fiscalía para ver si me podían entregar el carro y al activar el caso fiscalía dijo que no. Que como a mí me habían arrestado había que darle pa’ lante porque si ella tumbaba el caso yo podía contrademandar al gobierno porque me arrestaron y me archivaron el caso sin verlo en juicio. Y lamentablemente tuvimos que ir a juicio”, explicó Jeremías.

El proceso judicial duró 11 meses, culminando en junio de este año luego que un juez determinara que la Policía no reunió los elementos necesarios para comprobar que hubo regateo. Aún así, el seguro de Jeremías desembolsó $45,000 para levantar la confiscación, pagó $600 en multas por conducir negligentemente y con licencia vencida y $8,000 en gastos de abogado. Durante ese tiempo Jeremías tampoco falló en el pago de mensualidades debidas por el carro.

“Todo lo que pasó tiene un efecto súper negativo sobre mi económicamente”, sostuvo.

A otros ni les devuelven el carro confiscado

Jeremías tuvo la fortuna de poder guiar de nuevo su carro confiscado, pero ese no fue el caso de Elena. Luego que le confiscaran su vehículo Kia Soul por un supuesto regateo y tras ir por todo el tramite judicial, su vehículo terminó en un concesionario de autos.

Su caso fue en el 2016, transitando, también en exceso de velocidad, en la avenida Lomas Verdes entre Bayamón y Guaynabo. En su caso, otra guagua Kia Soul rebasó la suya y una patrulla en el área detuvo a ambos vehículos bajo el pretexto de un regateo y el agente le indicó que se bajara del carro para que viera la velocidad que le marcó.

“Yo le dije, ‘yo no tengo que ver la velocidad que yo iba, tranquilo si me vas a dar el ticket pues lo voy a recibir lamentablemente’. Pero me indican que tengo que ir al cuartel y me dicen que se tenían que llevar la guagua y a mí me tenían que llevar esposada en la patrulla y me negué, en todo momento con todo el respeto. Le dije que si la guagua iba a llegar al cuartel iba a llegar conmigo”, relató Helena.

En el cuartel proceden con la radicación de cargos por regateo y con la confiscación de su vehículo, mientras que la otra persona detenida enfrentó otros problemas por no tener titularidad sobre el vehículo, aun cuando le fue traspasado. Posteriormente, su vehículo fue transportado a la División de Patrullas de Carreteras en Salinas, mientras Helena pagó unos $2,000 a la Policía para evitar que su vehículo fuese subastado.

Ante la corte, Helena cuestionó la velocidad registrada por la Policía pues no pudieron diferenciar las velocidades de los dos vehículos detenidos, por lo que fue absuelta de esa multa. El cargo por regateo también se desestimó ante versiones inconsistentes entre la Policía sobre el supuesto delito.

Los gastos legales de Helena ascendieron a $5,000, además que durante ese tiempo continuó cumpliendo con las mensualidades de pago de su carro. Entre la detención y el final del juicio también transcurrieron 11 meses.

“Cuando el juicio se gana, ellos tomaron la iniciativa, sin tomar en cuenta que nosotros pagamos la retención para que la guagua no se la llevaran, ya ellos habían subastado la guagua”, contó Helena, quien logró conseguir su carro en un concesionario de vehículos usados en Arecibo, pero se topó con que la habían vendido ya.

Ante la situación, la policía devolvió los $2,000 pagados por retención y el banco intervino pues Helena había cumplido con su préstamo. El banco le devolvió una parte de lo pagado en el periodo de 11 meses, pero no devolvió a Helena el vehículo.

“Yo gané en cierta parte, porque mi licencia está limpia, pero perdí mucho dinero. Y hasta ahora, pues, extraño mi guagua que era nueva”, expresó Helena, añadiendo que esa guagua hubiese sido mejor para su criatura, quien aún no ha nacido. “He sabido bregar la situación y seguimos pa’ lante”, sostuvo.

A diferencia de estos casos, el exsecretario Somoza no fue acusado de inmediato y la iniciativa de las autoridades ha sido mucho menos proactiva. Su vista de causa está pautada para el próximo jueves 6 de septiembre.