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 / Foto por: Noticel

Noticel

Un jueves de 2005, Luis González Cabán llegó al restaurante El Nuevo Amanecer y pidió un surtido de aperitivos que contenía camarones.

El delicioso crustáceo había sido capturado en Calcuta, India y llevaba por lo menos seis meses en las neveras del restaurante cuando González Cabán, un residente de Florida, llegó al local coameño con su familia a degustar exquisiteces.

Mientras ingería los platos, González comenzó a sentir un ardor en el estómago y la boca. A tan sólo minutos, comenzó un grave deterioro de su salud. Diárrea, vómitos, mareos, gastroenteritis y 'rash' en sus extremidades fueron algunos de los síntomas que lo golpearon en rápida sucesión y que obligaron su traslado al Hospital Menonita.

Esos platillos en El Nuevo Amanecer fueron los últimos que disfrutó como un hombre saludable. Al cabo de días de tratamiento en el hospital, la sentencia fue demoledora: envenenamiento con crustáceos que lo dejó cuadraplégico, condenado a una silla de ruedas, sin control de su vejiga y sin apetito sexual.

¿La causa?

Saxitoxina. Una sustancia venenosa que se aloja en el intestino de los camarones y que es posible detectar mediante pruebas y es posible extirpar del crustáceo mediante la remoción del intestino.

Como resultado del episodio, González, su padre y sus dos hijas demandaron en 2014 en el Tribunal Federal a toda la cadena que podían identificar relacionada con ese camarón: al restaurante, al importador JR Seafood Inc., al distribuidor Packers Provisions of Puerto Rico, Inc., a GB Trading y a sus respectivas aseguradoras.

Ese foro decidió que el Tribunal Supremo de Puerto Rico debía aclararles cuál es la teoría de responsabilidad legal que aplicarían y, finalmente en diciembre pasado, el Alto Foro decidió de una manera que cambia lo que hasta ahora se pensaba.

En términos sencillos, en un caso como este lo que usualmente se entendía es que el daño que había causado un producto defectuoso era responsabilidad de todo el que intervino para que el producto estuviera en las manos del consumidor, del fabricante en adelante.

Pero, por voz de la jueza presidenta Maite Oronoz, el Supremo sostuvo que ninguno era responsable lo cual deja a González vulnerable de no poder reparar todos los daños que ha vivido desde aquel día que se sentó a comerse unos camarones.

El argumento fue que sólo responden todos los involucrados si el defecto del producto es de manufactura, o "no medió intervención humana en la contaminación del camarón", en palabras de la jueza Oronoz.

Como líder de un grupo de cuatro disidentes, el juez Edgardo Rivera García argumentó que los demandados deberían responder, porque lo importante no es si los demandados fueron los que fabricaron el producto, que en este caso fue "fabricado" por la naturaleza y también hecho defectuoso por la "naturaleza", sino si los demandados introdujeron el producto en el comercio para lucrarse económicamente.

Según los disidentes, se debe permitir que el caso prosiga hasta descubrir si cada uno de los demandados, como eslabones en una cadena, tomaron previsiones para detectar la contaminación del camarón y retirarlo del comercio.

Así que si usted se envenena por un alimento que tenía un defecto natural, difícilmente pueda lograr que alguien le responda por sus daños, según este nuevo precedente del Supremo.